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Nunca hubo feos en Second Life o la multiplicidad de realidades

La destacada poeta mexicana Magnolia Vázquez Ortiz nos comparte sus reflexiones sobre el libro más reciente del poeta Jeremías Marquines.

Francisco Cubas, el autor, Magnolia Vázquez y Francisco Murillo.

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Después de terminar de leer la primera propuesta poética de Nunca hubo feos en Second Life de Jeremías Marquines, acudieron a mi memoria los cuentos: “Allá tú si te olvidas de todo”, de la escritora mexicana Ana García Bergua, y “El paraguas de Wittgenstein”, del también escritor mexicano, Óscar de la Borbolla.

Vinculé mi lectura con “Allá tú si te olvidas de todo” por la coincidencia del tema, por el humor en que es tratado, y por la aliteración de una frase o de versos extraídos de algunas canciones de José Alfredo Jiménez que son los hilos conductores de la historia, incluido el título del cuento. En este, Ana García Bergua narra la historia de Ranulfo Ortega, quien por su afán de olvidar lo que constantemente recordaba y lo atormentaba -nunca se sabe qué- se hizo adicto a las redes sociales hasta el grado de ver reflejado un gran emoticón frente al espejo cuando un día despertó en su habitación “sin saber quién era ni qué hacía ahí”.

Así, en “Allá tú si te olvidas de todo” se lee al inicio de cada etapa por la que  pasa el personaje hasta llegar al borde de la locura: Por despecho me di al internet durante meses…; Por despecho me hundía en la pantalla…; Por despecho perdí la proporción…, entre otros, y algunos versos de José Alfredo Jiménez entre medio como: quise hallar el olvido al estilo soduko, Mírate este video conmigo y en el último cuadro, me besas, o, de mi mano sin fuerza se cayó el mouse sin darme cuenta. Por su lado, Jeremías Marquines en la narración con la que abre el libro también utiliza el humor -aunque mordaz, muy de su estilo- que impregna todo lo que a continuación refiere; hace también uso reiterado de -Prométeme que no creerás una sola palabra-, y de aforismos/enunciados que va desplegando en los títulos de su narración/poema, algunos retomados en el cuerpo de la historia referida.

Asimismo, Óscar de la Borbolla vino a mí con “El paraguas de Wittgenstein” por la coincidencia en el formato con que Jeremías Marquines presenta su propuesta narrativa/poética: a través de proposiciones derivadas del estilo de escritura del filósofo y estudioso del lenguaje, Ludwig Wittgenstein. Aquí la diferencia es que De la Borbolla sigue un orden lineal en su narración mientras que Marquines lo hace en orden aleatorio, alternando proposiciones de Wittgenstein con aforismos o versos propios.

La presentación.

Por ejemplo, Óscar de la Borbolla para hablar sobre el amor, la muerte, Dios, destino, inicia cada párrafo así: 1. Como la gente se conoce o no se conoce nunca, pero total, a veces se enamora, suponte que la lluvia te reúne con una mujer debajo de un paraguas…1.1 Suponte que el cielo existe y que se te ocurrió morir a las seis de la tarde…1.1.1 Suponte que además del cielo, haya Dios…1.2 Suponte también que no haya nada, que tú te mueres a las seis de la tarde porque la lluvia te obliga a buscar dónde protegerte y el techo hospitalario que te pareció inofensivo ocultaba al criminal que habría de matarte… etc.; y en Nunca hubo feos en Second Life, el narrador poeta enumera cada narración/poema en forma de proposición y, como dije antes, en un orden aparentemente aleatorio; por ejemplo, esta es la secuencia con la que da título a sus primeras narraciones: 3.251 prométeme que no creerás una sola palabra; 2.0122 ¿Cómo llegamos a ser tan limitados?; 2.1 Nosotros nos hacemos figuras de los hechos; 3.261 En las cabinas suenan los teléfonos. Yo estoy en otra parte afilando pedernales; y 3.203 nubes donde la vida más terrestre se torna opaca.

Después de este largo preámbulo, les platico que el libro que hoy nos convoca está dividido en dos apartados cuyos títulos encajan dentro del lenguaje computacional a propósito del tema tratado en él: File not found error 0.1 y File not found error 0.2.

Durante el recorrido por estos dos “archivos no encontrados”, a través de la historia del narrador, Nadia Linden, Kevin y Diamons; Jeremías Marquines nos invita a ser un@s voyeristas y a participar de los desdoblamientos que el narrador poeta va planteando en el transcurso de lo que acontece en Nunca hubo feos en Second Life. Pero el autor no nos facilita este descubrimiento -aunque deberíamos considerarlo desde el título mismo- pues es después de que nos ha presentado tres personajes -de cuatro- cuando caemos en cuenta del juego que estamos jugando al leer el poemario: como en Second Life, el narrador es todos los personajes que se inventa y reinventa en la multiplicidad de mundos que construye pero no únicamente en el ciberespacio, también en el mundo concreto -percibido por los sentidos- el mundo de los sueños, el de los recuerdos, el de la imaginación, el del pensamiento.

Nunca hubo feos en Second Life es un libro donde la narrativa en movimiento es lo que persiste: desde la voz que narra y que nos habla en 1ra, 2da y 3ra persona, hasta el espacio físico, mental y el cibernético que se intercalan sin lógica alguna. Leemos entonces la alternancia de lo afuera-adentro, adentro-afuera y en el que la voz del poeta nos lleva de la cabeza a la pantalla, de la pantalla a la habitación, de la habitación a la ventana, de la ventana al árbol o a la caseta telefónica, del pasado al presente, y viceversa; y donde la poesía y la filosofía en forma de aforismos entran y salen irrumpiendo e interrumpiendo el vaivén de voces, espacio y tiempo, como estos aforismos: la poesía está oculta en la forma ordinaria de nuestros fracasos; Los estados de cosas se pueden describir pero no nombrar; el ser es peor que la nada, etc. o estos versos: La tarde -literalmente- es una enferma indefendible; Su prosa es como si un ojo se abriera en la boca de un pájaro; Das vuelta en tu habitación donde el tiempo inmensamente dilatado, se cae en bloques; o, El silencio es humano. La angustia, nuestra maldad. La soledad, un pequeño pájaro que vuela entre ruinas.

Por otro lado, Nunca hubo feos en Second Life es un libro que provoca en los lectores la interrogante ¿qué es la realidad? pero también es un libro que nos da la respuesta, de la cual sospecho, está fundamentada en la idea que plantea Ludwig Wittgenstein en un fragmento de la proposición 139, incluida en su libro Observaciones filosóficas: “Es como si le dijera -el espacio- a la realidad: puedes hacer en mí lo que quieras (puedes dividirte cuanto quieras en mí). El espacio le da a la realidad una oportunidad infinita de división.”

Sin embargo, contrario a lo que cabría esperar cuando tenemos la oportunidad de crear o recrear una realidad que no nos gusta o que no nos satisface, en otro espacio, sea cual fuere, en los mundos creados por el poeta narrador en el primer “archivo no encontrado”,  se replican acciones, emociones, actitudes que se viven en el mundo concreto considerado real; no hay diferenciación de las acciones consideradas como normal o subnormal, no hay diferenciación de lo que acontece en el mundo objetivo y los mundos abstractos y esas vivencias de los personajes expuestos en las hojas que integran Nunca hubo feos en Second Life -excepto el último presentado al final del poemario- transmiten desencanto, pesadumbre, hastío, vacío, insatisfacción, tristeza, nostalgia, soledad, condiciones de la existencia reflejada nítidamente en este aforismo soltado a la mitad de lo narrado: El ser es peor que la nada; y esto es así porque en los espacios transitados por casi todos los seres existentes en las historias, no hay el encuentro con el otro, con la otra, con los otros, solo el encuentro con la matrix, con la máquina y fuera de esta, solo hay el encuentro con los fantasmas no requeridos como el de la madre atroz o el del perro recién muerto en los brazos del dueño, o los encuentros con la soledad o el sinsentido después de pasar una madrugada en el cuarto de un hotel con una prostituta que evidencia la falta de amor en la vida del personaje.

Firma de libros.

Así, cuando uno despierta o sale del mundo virtual, mental y concreto existentes en el poemario, nos quedamos con la idea de que el acontecer de la existencia no lo proporcionan los mundos que habitamos sino la singularidad del ser: sea fingido o no porque ser fingidor es también otra forma de ser, de existir, aunque sea en un espacio inventado, trasladado fuera de lo visible como la fealdad. Y es precisamente, Diamons, la fea, la picada de viruela, quien da pie a esta enunciación porque ella -a diferencia de Nadia, Kevin o el poeta narrador- es el único personaje conforme con su condición de fea y de su ser marginal y marginada. Diamons vive su existencia genuinamente de otro modo y por ello en Nunca hubo feos en Second Life, es la única que se salva de vivir una existencia paupérrima, patética. Escribe el poeta narrador en el “segundo archivo no encontrado”: El mundo está demasiado lleno de mierda, le escribí a Diamons esa tarde, con ganas de darme ánimos. Ella respondió que está bien así, que le gustaban sus tuberías defectuosas, su telón desfigurado por esa apariencia misteriosamente selectiva de hombre de negocios; su actitud de precario equilibrio al borde del caos.

Aunque al final de cuentas, al concluir la lectura de Nunca hubo feos en Second Life, me quedo con la impresión de que todo el libro es un recorrido que hace el poeta con su gorro de pensar encasquetado hasta las cejas en la búsqueda de su lenguaje poético y para su fortuna este a su conjuro trae consigo además, el amor y los sueños, tan necesarios para una existencia si no feliz, al menos vivible.

Villahermosa, Tabasco; 21 de marzo 2025.

El título original de este texto que se leyó en la presentación del libro es: Nunca hubo feos en Second Life o la multiplicidad de realidades donde el acontecer de la existencia no lo proporcionan los mundos que habitamos sino la singularidad del ser.

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